
Una vez, un hombre soñó con que le esperaba una vida llena de suerte, que llegaría el día en que se haría rico y que sería muy feliz. En el sueño, había también un Ángel que le prometió que tendría la oportunidad de que todo eso se cumpliría; así que el hombre se pasó toda su vida esperando a que estas cosas llegasen… Pero nunca llegaron… Y el hombre murió sólo, triste y pobre.
Al llegar al cielo, se encontró con el Ángel y le preguntó por qué no se habían cumplido todos esos sueños que había tenido aquella noche. Éste le respondió: “Si lo piensas bien, buen hombre, yo no te prometí que todo eso se cumpliría, te prometí que tendrías la oportunidad de realizar todas esas cosas, pero tú las dejaste pasar: ¿Recuerdas aquella idea tan buena que tuviste al dejar la universidad, acerca de un negocio? Pues por miedo a que saliera mal, no lo hiciste, y era una gran oportunidad para ti; ¿Te acuerdas también de aquella mujer que te esperaba cada día al salir del trabajo durante tantos meses? Ella te quería, pero tú no alimentaste ese amor y dejaste marchar la oportunidad; ¿Recuerdas cuando aquel hombre te pidió ayuda porque no tenía dinero para alimentar a sus hijos? Podrías haber conseguido el respeto de todos ellos. ¿Recuerdas cuando…?” “¡BASTA!” Gritó el hombre, asintiendo con vergüenza…
Todos tenemos oportunidades, pero no siempre las aprovechamos… además, son difíciles de reconocer si lo que uno está buscando es tan sólo un golpe de suerte… son como amaneceres, y si se espera demasiado se pierden…


